Mis primeros ticinco
Unos dicen que enfrento una crisis. No lo sé. Dos años de trabajo en el mismo lugar, donde el ambiente se torna pesado, confunso y minimizante, se juntaron con la fecha de mi primer cuarto de siglo. Mientras tanto yo estoy en el DF, ciudad loca y he atravesado el país de los Mexicas y Chilangos, de un bus al otro, llena de pesadas decepciones sobre los resultados de la gestión de mi república independiente del repollo, o sea mi cabeza. Pienso en que,tras no haber sido nunca un cero a la izquierda en mi mundo académico, porque aunque resultara ser una piedra en el zapato, jamás era un cero a la izquierda... pero en el mundo laboral, mi pequeño mundo dipomático estrecho y hasta hipócrita, soy sólo un enorme y redondo invisible cero. Será siempre así? me pregunto... también me pregunto si realmente seré o no un cero a la izquierda o me lo imagino con esta cabeza loca y triste que tengo por estos últimos meses. Harta de no tener la oportunidad de opinar e influenciar los procesos en los que participo, de tener que sortear todo tipo de conflictos personales de otros para que no me involucren en sus luchas de protagonismo, de sonreir a un jefe que tal vez ni siquiera sabe cuál es mi profesión y que tiende a tratarme como una niña de 15 años... ya siento que es momento de cambiar. Ahora, a dónde me voy, donde las cosas sean diferentes? tal vez a ninguna parte. Y si pierdo todo lo que he ganado en lugar de avanzar... qué será de mi?... y mientras tantas cosas que no puedo controlar me dan vueltas en la cabeza, sé que soy jóven, que todo es intracesdente y temporal, que la vida es un baile y que tengo un sinnúmero de bendiciones en mi vida. Me siento anciana, envejecida, cansada de cargar con todas esas dudas y contradicciones. Me siento culpable de lamentarme por una vida que realmente es buena y positiva.
Fuimos a la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera, y luego a la residencia de la familia de Frida, en mi sector favorito del DF, Coyohacán. Que nostalgia esa vida de artista, de ciudad pequeña, de mundo en constante revolución, de corazón en constante fuga. De amor loco, que no te deja respirar. Ahora, resultados de mi corazón: encontré al compañero de la vida, amor tranquilo, calmo y enriquecedor. Pero tengo dos personas clavadas en el alma, a las que creo nunca dejaré de querer, de pensar, de extrañar. Uno, músico, que me lleva 12 años de edad, amor primero, intenso, tormentoso, doloroso, apegado... años por años por años por años... como 6 años, sin futuro. Otro, biólogo, ecologista revolucionario, jóven, budista, extraño, libre. Amor silencioso, callado, que pesa, que te tienes que tragar, de entregar y entregar y entregar y no recibir nada, amor de dudas, de penas, de injusticias, corto y asesino. Y entonces, ahora, como dice Silvio, amo y me aman si pedir nada, o casi nada... que no es lo mismo pero es igual, y cargo esos pesos en mi alma, que me hacen sentir culpable e indecisa, temerosa de sufrir y hacer sufrir, aunque no puede haber un mejor hombre que el mio, que mi compañero, mi amante, mi amigo... una enorme paz que se mezcla con aungustias viejas corroídas en un rincón de mi mente y de mi corazón.
Y tengo 25 años y me miro, y no sé a dónde voy, no sé si lucho en vano por lograr una vida mejor, no sé si estoy simplemente a la deriva en un mundo que vive a la deriva, si me siento enormemente triste de tantas tristezas que me he tragado y sonreido. Si me he dicho tantas enormes mentiras que ya ni siquiera sé mis propias verdades.
Y estuve en México y extraño mi Bogotá, mi ciudad fría y rebozante de personas, mi ciudad loca y bella, y desgastante. Extraño la cotidianidad y pensar en un futuro mejor y posible... un futuro en el que por estos días no creo y no vivo...
Extraño mi vida de estudiante que cree, que cree en todo. Extraño mi loca alegría que invadía los lugares, mi capacidad de hacer polémica, mi capacidad de admirar a otros, mi perdida capacidad de romper el hielo y formar relaciones amistosas con los que me rodean.
Extraño pensar en la casa suya, su calle y su patio. Extraño los despechos alicorados con amigos del alma, extraño las noches de guitarra. Extraño las enormes libretas llenas de poesía e historía. Mi viejo cansancio de no dormir nunca. Mi desapego por el dinero.
Esto es crecer? no lo quería así. Pero heme aquí.
Prometo estar feliz para la próxima y escribir algo que los haga reir.
Ágata.
