Anticuario

Wednesday, April 11, 2007

Se le agradece nombrar a LA-Gatita-Del Arbol: Nogal

Y me siento en mi eterno silencio. Mirando a los ojos mis memorias, vienen imágenes una tras otra, repartidas en trozos, a mi mente, curioso, nunca son imágenes del presente, siempre del pasado, de un pasado que al mirarlo siempre tiene el velo del tiempo de lo que ya ha sucedido, de lo que se extraña, que se cree invaluable, irrepetible. Las miro a los ojos, las imágenes, esquivas se desvanecen pronto. Siempre estoy fuera de ellas, pues no es a mi a quien recuerdo, es a los otros. A ellos. Y camino las mismas calles, y siento el mismo vacío en lo profundo del estómago, y siento como me acerco a esos lugares que parecían de siempre y que ahora ya no hacen parte de mi vida. Todo cambia. Todo cambia. Y me aferro, con angustia a la orilla del recuerdo. Amarro mis manos, para tratar de verme allí, y sólo los veo a ellos. Y recuerdo que sonreía, abrazaba, hablaba y miraba. Recuerdo que suspiraba, y caminaba… y cocinaba y bebía y fumaba. Y la miro, lejana mi vida, en otros días, con otra luz, con otro sol con otra luna, con suelos de otros colores y muros de otros ladrillos, con otra compañía. Me constriño a ese recuerdo… y lo abrazo para no alejarlo, y el recuerdo igual se aleja. Entonces sentada en mi silencio, en esta soledad que me invade poco a poco, que no había querido sentir, que no me era permitido sentir desde hace tanto tiempo, respiro este aire que parece mucho… y no huelo nada, más que mi olor, y quisiera que vinieran otros olores, los de ellos a hacerme compañía a revolcar mi memoria, a enredarse entre mi pelo.

Si va a copiar por lo menos ponga que es de unA-Gatita-del-arbol: Nogal

Es el amor con sus infinitas pruebas. Es el silencio aterrador, el vacío que consume, es el miedo, la duda. La piel que se arruga, el tiempo que pasa y no deja nada. Es mi desencanto, la rutina. Un tictac de reloj que no para, la niebla que todo cubre y me deja lejos, lejos, lejos. Ansía de tiempos nuevos, y dolor de la nostalgia. Hastío de lo que no cambia, imágenes que se desvanecen, voces que hablan y nada dicen, palabras que retumban vanas en el fondo del oído. Es el amor, con su infinita prueba, la del silencio, la del cansancio, la del desencanto. Cuando ya no te sientes flotante sino increíblemente atado. Es la necesidad de huir, de correr hacía un horizonte lejano, y la tristeza amarga de dejar lo que se ha amado. Y entonces, al mirar esos ojos dulces, que se han mirado tanto, se encuentra una leve sonrisa que brota sin pensarlo, una mano que te toma, en silencio y con despacio, un beso que alivia la pena, un calor que detiene el llanto. Es el amor que se ha probado. Es sabernos juntos, por el camino de la vida andando, es existir a través del aire que respiras, es tenerte descalzo por el patio. Es la simpleza de cada día, tu sonreír pausado, tu paso apresurado, es tu camisa roja y la fruta en el plato. Es el olor de ti, tu voz que se va cantando. Es la noche oscura que llega con tu pesado saco, es el cansancio en tu frente y el dulce y tibio abrazo.

La culpa la tuvo la vaca.

Cambió todo por un Buenos Aires querido.
Buenos Aires, que de Buenos, no sé que tanto.
Entre chés flacos boludos, boludeces y pabadas. Entre vos y yyyyyyyo, la MINA, anda hoy. Tratando que conservar su linda "tonada" colombiana, tratando de entender a este porteño que no dá las gracias y ni pide favores...
La culpa la tuvo la vaca. Se ha dicho. En fin.
Cuál vaca?.
Se supone que este blog era para popularizar lo que me gusta escribir y terminé temiendo publicar lo que escribo.